A diferencia del juguete que se deja tirado en el piso, la varita necesita que vos la muevas, y ahí está su valor: el gato responde al movimiento impredecible, no al objeto. Movimientos cortos, pausas, esconder el señuelo detrás de un mueble y dejarlo "escapar" funcionan mucho mejor que agitarla en el aire.
Moviéndola como se mueve una presa, no como un juguete. Arrastrala por el piso, escondela detrás de un mueble, hacé pausas y dejala temblar quieta. El movimiento errático y entrecortado activa mucho más que agitarla en el aire. Cerrá cada sesión dejando que la atrape de verdad: el juego que nunca termina en captura genera frustración.
Sí, y es una de sus mejores indicaciones. El gato que juega con manos y pies aprendió que esas son las presas disponibles. La varita mantiene una distancia física entre tu cuerpo y el juguete, así el gato dirige mordida y zarpazo hacia el señuelo. Conviene retirar la mano del juego por completo, sin excepciones.
No conviene. Las varitas tienen hilo, plumas y piezas chicas que el gato puede tragar si la mastica sin supervisión, y el hilo ingerido es una urgencia quirúrgica frecuente en felinos. Guardala después de cada sesión en un cajón. Para el juego libre y sin supervisión están las pelotas y los ratones.
Disponible en Dra Luka Veterinaria, especialista en Medicina Felina, en Chacarita, Buenos Aires.