El gato se acicala varias horas por día y con su lengua arrastra el pelo muerto hacia el estómago. Ese pelo se acumula y termina en vómito de bolas de pelo o, con menos frecuencia, en obstrucción. El cepillado es la forma más directa de intervenir: cada pelo que sacás con el cepillo es un pelo que el gato no traga.
En pelo largo, todos los días: si se saltean días aparecen nudos que después hay que cortar. En pelo corto, dos o tres veces por semana suele alcanzar, y conviene subir la frecuencia en las épocas de muda. En gatos senior o con sobrepeso, que ya no llegan a acicalarse bien la espalda baja, el cepillado pasa a ser parte del cuidado diario.
Ayuda bastante, porque cada pelo que retirás con el cepillo es pelo que el gato no traga al lamerse. No es lo único: la hidratación, la fibra de la dieta y las pastas de malta también juegan. Si tu gato vomita bolas de pelo más de una vez por semana, conviene consultar: a veces lo que parece bola de pelo es un problema digestivo distinto.
Sesiones cortas y en el momento en que el gato ya está relajado, nunca cuando está activo o comiendo. Empezá por las zonas que sí acepta —cabeza, mejillas, lomo— y dejá la panza y la cola para más adelante. Cortá la sesión antes de que se incomode, no después: si terminás siempre en conflicto, cada vez va a costar más.
Disponible en Dra Luka Veterinaria, especialista en Medicina Felina, en Chacarita, Buenos Aires.