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El gato tiene sed baja por herencia: en la naturaleza obtiene la mayor parte del agua de la presa, que es agua en un 70%. Cuando come solo alimento seco, ese aporte desaparece y la orina se concentra, lo que favorece cristales, cistitis y sobrecarga renal. El alimento húmedo reconstruye ese aporte de agua dentro de la comida.
No es uno u otro: lo que mejor funciona en la mayoría de los casos es combinar. El húmedo aporta agua, que es lo que más le falta al gato de interior, y el seco es práctico y se puede dejar disponible. Muchos veterinarios recomiendan que al menos parte de la ración diaria sea húmeda, sobre todo en gatos con antecedentes urinarios o renales.
Depende del peso del gato, de su condición corporal y de si combina con seco. La referencia está en la tabla del envase según peso, pero conviene ajustarla: esas tablas suelen apuntar alto. Si combinás con seco, hay que descontar de cada uno para no sumar dos raciones completas, que es el error más frecuente y termina en sobrepeso.
Tapado y en heladera, y consumirlo dentro de las veinticuatro a cuarenta y ocho horas. No lo dejes en el plato más de media hora a temperatura ambiente: el húmedo se contamina y se seca rápido. Servilo a temperatura ambiente, no directo de la heladera, porque el frío apaga el aroma y muchos gatos lo rechazan por eso.
Disponible en Dra Luka Veterinaria, especialista en Medicina Felina, en Chacarita, Buenos Aires.
