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Además del agua, el húmedo tiene dos ventajas prácticas: mayor palatabilidad, útil en gatos inapetentes, convalecientes o senior, y mayor volumen con menos calorías, que ayuda en control de peso. Se puede combinar con seco en el día sin problema, ajustando las cantidades para no duplicar la ración.
No es uno u otro: lo que mejor funciona en la mayoría de los casos es combinar. El húmedo aporta agua, que es lo que más le falta al gato de interior, y el seco es práctico y se puede dejar disponible. Muchos veterinarios recomiendan que al menos parte de la ración diaria sea húmeda, sobre todo en gatos con antecedentes urinarios o renales.
Depende del peso del gato, de su condición corporal y de si combina con seco. La referencia está en la tabla del envase según peso, pero conviene ajustarla: esas tablas suelen apuntar alto. Si combinás con seco, hay que descontar de cada uno para no sumar dos raciones completas, que es el error más frecuente y termina en sobrepeso.
Tapado y en heladera, y consumirlo dentro de las veinticuatro a cuarenta y ocho horas. No lo dejes en el plato más de media hora a temperatura ambiente: el húmedo se contamina y se seca rápido. Servilo a temperatura ambiente, no directo de la heladera, porque el frío apaga el aroma y muchos gatos lo rechazan por eso.
Disponible en Dra Luka Veterinaria, especialista en Medicina Felina, en Chacarita, Buenos Aires.
