Cuando un gato araña muebles, casi siempre falta oferta de rascado en el lugar correcto. El rascador funciona si está donde el gato ya rasca —al lado del sillón, cerca de donde duerme, en el paso hacia la puerta— y no escondido en un rincón.
Casi siempre por ubicación. El gato rasca donde marca territorio: zonas de paso, cerca de donde duerme y donde está la familia. Si el rascador está en un rincón apartado, no cumple esa función. Mové el rascador pegado al sillón que araña, sumá catnip los primeros días y recién cuando lo adopte lo vas corriendo de a poco.
La referencia práctica es uno por ambiente donde el gato pasa tiempo, y sumar uno extra por cada gato de la casa. En convivencia de varios gatos, tener rascadores repartidos evita competencia por el recurso. También conviene combinar orientaciones: uno vertical para estirarse a lo largo y uno horizontal o en rampa.
Cuando el cartón se hunde o la soga se deshilacha al punto de que el gato deja de usarlo. Un rascador gastado no es un problema estético: si ya no ofrece resistencia, el gato busca otra superficie y vuelve al sillón. En uso diario de un gato adulto, suele durar entre seis meses y un año.
Disponible en Dra Luka Veterinaria, especialista en Medicina Felina, en Chacarita, Buenos Aires.