La lengua del gato tiene papilas rígidas orientadas hacia atrás: cuando lame una herida no la limpia, la irrita y arrastra bacterias de la boca. Por eso el collar isabelino no es un exceso de precaución sino parte del tratamiento. La mayoría de las complicaciones posquirúrgicas simples —puntos abiertos, infección de la herida— se originan en unos minutos sin collar.
Hasta que el veterinario dé el alta de la herida, habitualmente entre diez y catorce días en una cirugía de rutina, que es cuando se retiran los puntos. El uso tiene que ser continuo: los episodios de lamido que abren una herida duran segundos. Nunca lo retires antes de tiempo por tu cuenta, aunque la herida se vea bien por fuera.
Adaptá el entorno antes de pensar en sacarlo. Subí los platos a la altura del pecho con un soporte o una caja, y usá recipientes bajos y anchos donde el borde del collar no choque. La mayoría de los gatos come bien así después del primer día. Si pasadas veinticuatro horas sigue sin comer, avisá a la veterinaria: el ayuno prolongado en gatos es riesgoso.
Sí: los collares blandos tipo dona y las prendas posquirúrgicas son opciones, y muchos gatos las toleran mejor. No sirven para todos los casos: dependen de dónde esté la herida y de qué tan decidido sea el gato. La indicación la da quien operó, según la ubicación de la lesión. Lo que no es opción es dejarlo sin nada.
Disponible en Dra Luka Veterinaria, especialista en Medicina Felina, en Chacarita, Buenos Aires.