La alfombra se elige por superficie: los relieves y las celdas atrapan el granulado y lo guardan hasta que la levantás y la volcás de vuelta en el arenero. Conviene que sea más ancha que la boca de la bandeja, porque el gato no siempre sale por el centro.
Poné una alfombra atrapa-arena a la salida del arenero, más ancha que la boca de la bandeja. El gato pisa al salir, la alfombra retiene los gránulos y después la levantás y volcás la arena de vuelta. Ayuda además usar una bandeja de bordes altos y no llenarla en exceso: con cinco a siete centímetros de arena alcanza.
Algunos gatos rechazan texturas muy rugosas al principio. Si notás que evita pisarla o que empieza a saltear el arenero, probá con una superficie más suave y dale unos días de adaptación. Nunca conviene forzar: si el gato asocia el arenero con algo incómodo, el riesgo es que busque otro lugar para hacer sus necesidades.
Volcá los gránulos retenidos cada uno o dos días, junto con la limpieza diaria del arenero, y lavala a fondo cuando hagas el recambio total de arena. Si tenés varios gatos, el ritmo es más seguido. Una alfombra saturada deja de retener y empieza a funcionar al revés, repartiendo arena en lugar de contenerla.
Disponible en Dra Luka Veterinaria, especialista en Medicina Felina, en Chacarita, Buenos Aires.